Valores de la fiesta y su significación
La Ofrenda de Uvas y Primer Mosto, se desarrolla en el Jardín de la Glorieta, límite oriental del conjunto histórico-artístico, declarado como tal en 1981 y ampliado en el 2006 por el Plan General de Ordenación Urbana de Jumilla y que acoge durante la Feria y Fiestas de agosto la Fuente del vino”. Igualmente, el itinerario de las tres cabalgatas que forman parte de la programación oficial de la Fiesta de la Vendimia de Jumilla (la Gran Cabalgata del Vino, la Cabalgata Tradicional y la Cabalgata Infantil), discurren por las principales calles y plazas del centro histórico de la ciudad, desarrollándose mayoritariamente en el ámbito del Conjunto Histórico-Artístico de Jumilla, declarado por el Real Decreto 3382/1981, de 27 de noviembre, publicado en el Boletín Oficial del Estado de 25 de enero de 1982. Esta declaración reconoce el excepcional valor histórico, arquitectónico y
urbano del casco antiguo de Jumilla, uno de los conjuntos patrimoniales más representativos de la Región de Murcia.
El recorrido de estas cabalgatas permite integrar la celebración festiva en un escenario patrimonial de extraordinario valor cultural, estableciendo un estrecho vínculo entre la tradición vitivinícola y el legado histórico de la ciudad. El paso de los desfiles por enclaves tan emblemáticos como El Teatro Vico, el Ayuntamiento y las calles históricas que articulan el casco antiguo convierte el patrimonio urbano en parte esencial de la escenografía de la fiesta, reforzando su autenticidad y singularidad.
Las cabalgatas no recorren un itinerario cualquiera, sino que atraviesan el corazón histórico de la ciudad, de manera que el patrimonio monumental se convierte en un elemento integrante de la propia celebración y de la experiencia del visitante.
De este modo, la Fiesta de la Vendimia trasciende su dimensión lúdica para constituirse en una manifestación cultural que pone en valor el patrimonio histórico de Jumilla, favoreciendo su difusión, conocimiento y conservación a través de una celebración que cada año congrega a miles de participantes y visitantes.
Valor cultural
La banda sonora propia de la fiesta: el pasodoble "pisaor"
Uno de los elementos de especial relevancia dentro del patrimonio Cultural asociado a la Fiesta de la Vendimia de Jumilla es la existencia de una composición musical propia, el pasodoble «Pisaor», compuesto expresamente para esta celebración por Ángel Hernández Azorín, Compositor y Director de la Banda de la Asociación Jumillana Amigos de la Música. Esta obra constituye la banda sonora identificativa de la fiesta y representa un elemento de cohesión, reconocimiento y transmisión de los valores culturales que la sustentan.
El pasodoble "Pisaor" y su origen
La creación de una composición específica para la Fiesta de la Vendimia refuerza su singularidad frente a otras celebraciones de carácter similar, dotándola de un lenguaje sonoro propio que acompaña y enriquece los actos más representativos del programa festivo. Su interpretación en desfiles, actos institucionales y momentos de especial significado ceremonial contribuye a generar una identidad compartida entre participantes y espectadores, favoreciendo el sentimiento de pertenencia a la comunidad.
"Pisaor" como símbolo y memoria colectiva
Desde la perspectiva del patrimonio cultural, «Pisaor» trasciende su condición de obra musical para convertirse en un símbolo colectivo que evoca la tradición vitivinícola, el trabajo de la vendimia y la memoria compartida de generaciones de jumillanos y jumillanas. Su presencia continuada en el desarrollo de la fiesta facilita la transmisión intergeneracional de este patrimonio, asociando la melodía a experiencias, emociones y rituales que forman parte del imaginario colectivo local.
Asimismo, el hecho de que su autor sea un compositor estrechamente vinculado a Jumilla aporta un valor añadido a la obra, al constituir una creación nacida desde el propio territorio y concebida para representar una de sus manifestaciones culturales más emblemáticas. De este modo, «Pisaor» se integra plenamente en el conjunto de elementos materiales e inmateriales que conforman la identidad de la Fiesta de la Vendimia, contribuyendo a su continuidad, reconocimiento y salvaguarda como expresión viva del patrimonio cultural de la ciudad.
A continuación reproducimos el texto que redactó para la revista de la Federación en agradecimiento a su nombramiento.
Otros valores que manifiesta
La Fiesta de la Vendimia de Jumilla es el fiel reflejo del carácter y personalidad de sus vinos. Derrochan alegría infinita, con un ir y venir continuo de sus gentes por calles milenarias; exhiben corazón y fuerza en el empeño de engrandecer cada año la ocasión, haciendo alarde de su arte de vivir y disfrutar; y emanan esencia mediterránea al aunar belleza, paisaje, sabores y olores, arte y emoción; bajo la luz dorada de la ciudad de Jumilla. En conjunto, ofrecen un perfecto equilibrio entre actualidad, tradición y singularidad.
Valor histórico
Es cierto que queda ampliamente demostrado el valor histórico que representan y lo que transmiten a las nuevas generaciones que no han tenido la suerte de conocer cómo era el trabajo de la agricultura y la elaboración del vino en el siglo pasado conservando tradiciones y transmitiendo conocimiento de la historia de nuestra ciudad y de la principal actividad económica del municipio, por lo que es de destacar el importante valor cultural que representan.
Sobre el cultivo de la vid y elaboración del vino exhiben costumbres, destrezas y aparejos, como en la pisa de la uva, y los rituales de devoción y agradecimiento, con la ofrenda al “Niño de las Uvas” con flores, música y pólvora. Además, de sus célebres cabalgatas, máxima expresión del carácter alegre y generoso de su gente; con mención especial, a la Gran Cabalgata del Vino.
Valor religioso
También las Fiestas de la Vendimia tienen su valor religioso. El primer mosto de vino tinto de España, cuyo acto de obtención se celebra de forma ininterrumpida
desde la primera edición, se ofrece al Niño de las Uvas.
Cuando se decide organizar la Fiesta de la Vendimia en 1972, los organizadores piensan en esta talla del siglo XVI de origen napolitano y depositada en el convento franciscano de Santa Ana del Monte, (BIC), para el acto de ofrenda y bendición del primer mosto. Qué mejor imagen para un acto tan simbólico.
Se sabe que la talla del Niño de las Uvas de Jumilla desfilaba todos los años en la procesión del Corpus Christi, junto al resto de imágenes que formaban la procesión del Santísimo Sacramento.
Tiene unas dimensiones de 86 x 23 x 23 cm. Como casi todos los Niños de este tipo se puede vestir, de hecho, actualmente se expone vestido en el Museo del convento franciscano de Santa Ana del Monte, con una túnica blanca bordada con motivos vegetales en la parte baja y con flecos en los ribetes de pies y mangas, cíngulo de cuerda a la cintura; lleva peluca de pelo natural y una uva en su mano izquierda.
En el año 1984 se estrena la nueva talla del “Niñico de la Uvas”, obra del conocido escultor jumillano Mariano Spiteri. Y es la que en la actualidad preside todos los actos de esta fiesta, sustituyendo a la histórica que corría peligro de deteriorarse por su fragilidad.
Según declaraba el propio escultor en el discurso ofrecido en la entrega del premio a la “Labor no Peñera” en el año 2019: “puedo asegurarles que es una de las imágenes más queridas y entrañables para mí, y de la que más gratos recuerdos guardo”.
Valor etimológico
Por otra parte, otro de los importantes valores que podemos reconocer a la Fiesta de la vendimia, es conservar el léxico, el valor etimológico.
La modernización de cualquier actividad u oficio implica una nueva forma de obrar, otra manera de hacer la faena y eso conlleva la pérdida de una terminología que cada oficio o profesión ha venido generando durante siglos, por no decir durante milenios.
La pérdida del léxico tradicional: bodega y tonelería
Esto es lo que ha ocurrido con la mecanización del campo (agricultura), la industrialización de las bodegas, y los oficios asociados a ambas actividades, como por ejemplo la tonelería. Así lo que antes eran toneles, cubas, barricas, pipas, conos, toneletes y barriles, que han sido sustituidos por los depósitos, con la excepción de las barricas que han quedado relegadas exclusivamente a las naves de crianza, por no hablar de los aditamentos de estas piezas, como el grifo, denominado, dentro del argot bodeguero como jeta, un apalabra importada del catalán, que se ha sustituido por la consabida llave. Instrumentos como la colodra, hecha con la mitad de una calabaza.
La propia acción de obtener el mosto, es decir la pisa y los pisaores, han desaparecido, cuya acción la practicaban sobre los tablones del lagar, hoy sustituidos por una tolva con un tornillo sin fin. La despalilladora, una máquina manual imprescindible en lagares y bodegas, es hoy una máquina denominada F2, por ser la segunda acción que sufre la uva. La brisa, que da color al vino, y que una vez prensada se convierte en piñuelo, que aún será pasado por el alambique y se obtendrá el más puro de los aguardientes y entonces pasa a denominarse granillo. Precisamente, las nuevas prensas han hecho desaparecer los elementos de las prensas manuales: madrinas, husillo, jaula, sombrero o marrano, basa y nariz.
Otro tanto ocurre con el sistema de medidas, hoy absorbidas por el sistema métrico decimal, que ha hecho desaparecer una gran cantidad de medidas históricas asociadas al vino, como: arroba, cuartillo, cuarterón, azumbre y garrafa, o los recipientes para consumirlo como son las redomas y los porrones
El léxico del campo y la viticultura
Las actividades agrícolas relacionadas con la viticultura, no ha corrido mejor suerte. Las herramientas exclusivas del laboreo de las viñas como la azada estrecha, el campanario, el podón o el hocete, ya no se usan, han sido relegados a los museos. Las labores propias del trabajo de la vid como amoñar, codaura, mamaera, arar a cepa perdida, labrar al triángulo, etc. se han borrado definitivamente del argot agrícola.
Sin detenernos en los sistemas de acarreo, en las partes que componen un carro, como único sistema de transporte de la uva hasta bien entrado el siglo XX, pero si han existido elementos que definían el volumen de uva recogido, como es la carga, compuesta por cuatro capazos o espuertas de pleita, y según el número de cargas que llevaba un carro, así se medía la capacidad del mismo.
La presencia de cuadrillas en el campo, con una estructura conformada desde la noche de los tiempos, como jefe el cabezalero, a las vituallas el manigero, quienes portaban una serie de recipientes hechos de esparto que cubrían todas las necesidades de una vida en el campo, el ya mencionado capazo, la barza, la aguadera, el cesto, el cernacho, el serón, la panera, hecha con esparto y paja de centeno.
Las peñas, guardianas del vocabulario
Todo este léxico que acabamos de reseñar estaría ya perdido, o a lo sumo recogido en las páginas de un viejo libro ya olvidado, de no ser por la labor que desarrollan las peñas de la Fiesta de la Vendimia, que los recuperan y recuerdan año tras año, incluso tomando denominación de la propia peña nombres como la codaura, la mamaera, la jeta, el tonelico, etc. Además, los motivos en los que se inspiran para elaborar sus motivos ornamentales de carrozas y sedes festeras, son los propios de las labores y actividades vitivinícolas, lo que obliga, a propios y extraños a informarse de todas y cada una de estas actividades y con ello a recuperar su vocabulario.
Valor gastronómico
La gastronomía es una parte de la cultura tradicional de los pueblos, a la que desde hace tiempo se le presta gran atención, pues está en íntima conexión con el entorno geográfico de donde surge.
Gastronomía Tradicional y Cruce de Culturas
La gastronomía es una parte de la cultura tradicional de los pueblos, a la que desde hace tiempo se le presta gran atención, pues está en íntima conexión con el entorno geográfico de donde surge.
Referencia obligada, es la riqueza gastronómica autóctona y artesanal de Jumilla, cuyo valor principal es su constante disposición a sorprender al visitante por frecuente que sea, con nuevas elaboraciones culinarias propias según la época del año. Ricas viandas y dulces elaborados con productos naturales mediterráneos.
Jumilla ofrece una “gastronomía de culturas” o “multifusión” a resultas del cruce cultural de los pueblos y gentes que han pasado por esta tierra. Muestra de ello, son sus famosas empanadas de patatas fritas y piñones y/o gazpacho jumillano. Además de la exquisita repostería elaborada con aceite de oliva, almendra y frutas de la tierra.
Influencia del Clima y Calendario Festivo
Como se indicaba en el prólogo de la Revista “Licinciería” 2024, que edita el Grupo de Coros y Danzas Francisco Salzillo de Jumilla, escrito por la Licenciada y Doctora en Filosofía y Letras de la Universidad de Murcia, y dedicado a la Gastronomía Jumillana: “La gastronomía es una parte de la cultura tradicional de los pueblos, a la que desde hace tiempo se le presta gran atención, pues está en íntima conexión con el entorno geográfico de donde surge.”
“… el tipo de comida, y la forma de comer es un componente cultural de todos los pueblos y cómo no, del nuestro, Jumilla, cuyo tipo de alimentación responde al clima, al cultivo del suelo y a las posibilidades económicas de cada uno. El invierno frío y seco nos ha hecho gustar de los embutidos típicos (longanizas y morcillas) así como de platos fuertes que llevan fama en toda la región: gazpachos, gachas, gachamiga, migas… Como se cultivan cereales la base principal de la alimentación ha sido la harina de trigo. Antes se acostumbraba a comer mucho pan, pues incluso el postre –melón de olor, melón de agua- había personas que se lo comían con pan”
Una característica de interés en la cultura gastronómica jumillana es que las comidas van asociadas al calendario festivo; antes, los domingos se consideraba un plato extraordinario el comer “arroz y pollo” o “arroz y conejo”. En Navidades, Semana Santa y Feria y Fiestas de la Vendimia eran épocas de consumir los exquisitos sequillos. Las empanadas de patata las hacían en Semana Santa para que las amas de casa no tuvieran que cocinar. Los gazpachos (generalmente hechos con carne de caza) adquirían un valor simbólico y se podían comer el Viernes Santo, por supuesto sin carne, denominándose entonces “gazpachos viudos”. Jueves Santo se sigue aún comiendo en muchas familias el famoso plato de trigoentero, del que se dice que se ganan indulgencias. Otras fiestas dan lugar a dulces que se subastan para contribuir a los gastos de las mismas como son los rollos y panes de San Antón, San Blas y de San Sebastián. Aunque muchas de estas costumbres se han estandarizado en la actualidad (en los hornos encontramos sequillos, empanadas… cualquier día del año), Jumilla destaca en la región murciana por la originalidad y la calidad, tanto de su repostería, como de las comidas “de diario”, de algunas de las cuales seguimos guardando unos recuerdos excelentes que se nos acentúan con los olores que aún perviven en nosotros y que nos trasladan en muchas ocasiones a nuestra infancia. Junto a los olores recordamos también nuestras meriendas de pan y chocolate, pan y olivas y aquellas rebanás de pan blanco con aceite y azúcar o con vino y azúcar que consumíamos placenteramente a media tarde, a la salida de los colegios.
Vocabulario Culinario, Refranero y Literatura Oral
A esto se suma todo un vocabulario en torno a las comidas o a los dulces que sólo con nombrarlos parece que se nos abre el apetito: patatas en caldo, patatas a pelotón, ropa vieja, empedrao, tortas de manteca, tortas de pascua, tallos de zarza, suspiros de monja, toñas, sobaos, rollos escaldaos, rollos de cazador, rollos de vino, rollos de aguardiente, pirusas y un largo etc., que junto a la leche y queso de cabra (el queso frito típico de nuestro pueblo se está extendiendo en Murcia capital y en otros pueblos donde nunca se había tomado) formaban parte de la alimentación de los jumillanos.
En las coplas siguientes se nombra el atascaburras y las gachamigas:
Hay refranes que indican costumbres relacionadas con la manera de cocinar algunos platos: “El arroz y los gazpachos” lumbre a lo borracho” Y otros, “Después de las brevas/ vino bebas”; “El arroz, el pez y el pepino/ nacen en el agua y mueren en el vino” …
DOP Jumilla. Vino, Queso y Pera
Jumilla además de su D.O. del vino, cuenta con la DOP de la Pera Jumilla y de los quesos queso al vino propio del altiplano integrado en la DOP quesos de la Región de Murcia.
Y su tesoro gastronómico, la raza caprina Murciano-Granadino, autóctona de la comarca de Jumilla en la Región de Murcia, muy codiciada por su calidad en los mercados internacionales.
Así el sabor de su gastronomía, sumado a la excelencia de sus vinos ocupa un lugar destacado en este festival de sentidos, sabores y experiencias de la Fiesta de la Vendimia.
Valor solidario
En cuanto a otro de los valores que esta Fiesta transmite y del que nos sentimos muy orgullosos es el valor solidario que se ve reflejado en la campaña que cada año, ininterrumpidamente desde 2017, se realiza en la campaña de donación de sangre y médula “Esta en Nuestra Sangre”.
La sangre no se fabrica. Si no hay donación, no hay transfusión, por lo que desde la Fiesta de la Vendimia se deja huella también en este sentido.
Valor de igualdad
La Fiesta de la Vendimia de Jumilla pueden presumir de ser una de las pocas fiestas de España en la que los cargos representativos de la Fiesta están ocupados por un hombre y una mujer, que representan a los Vendimiadores Mayores de la Fiesta de la Vendimia, sucediendo, igualmente, en el caso de los representantes infantiles.
La Federación de Peñas de la Fiesta de la Vendimia otorga un cargo masculino de representación, este es igual al que se lleva haciendo desde antaño con el género femenino, de esta forma no solo tenemos la figura de la Vendimiadora, (lo que sería igual a Reina o Fallera Mayor en otras fiestas) con lo cual, contamos con la figura de ambos Vendimiador y Vendimiadora, el cargo es el mismo y en igual de
condiciones para los cuatro que lo ostentan cada año desde hace más de una década.
Valor comunitario
Si hablamos de valores de la Fiesta de la Vendimia no podemos olvidar el valor comunitario, ya que durante los días de celebración de esta fiesta conviven de forma armónica gran número de personas.
Convivencia y Participación Ciudadana
Uno de los rasgos más significativos de la Fiesta de la Vendimia de Jumilla es su extraordinario valor comunitario, entendido como la capacidad de la celebración para favorecer la convivencia, reforzar los vínculos sociales y promover la participación activa de la ciudadanía en torno a unas tradiciones compartidas. Durante los diez días de celebración, la ciudad se convierte en un espacio de encuentro en el que participan de forma conjunta vecinos, peñas, asociaciones, colectivos culturales, entidades públicas y privadas, bodegas, voluntarios y visitantes, generando un ambiente de convivencia que trasciende el ámbito estrictamente festivo. La implicación de la población local en la organización y desarrollo de los distintos actos constituye uno de los principales elementos diferenciadores de la fiesta y garantiza la transmisión de sus valores y tradiciones de generación en generación.
Espacios de Encuentro e Identidad Colectiva
La programación, integrada por actos institucionales, culturales, religiosos, tradicionales, folclóricos y enogastronómicos, favorece la participación de personas de todas las edades y procedencias. Las calles y plazas de Jumilla se convierten en espacios abiertos de convivencia en los que miles de personas comparten una misma celebración, reforzando el sentimiento de pertenencia e identidad colectiva que caracteriza a la comunidad jumillana.
Actos Destacados e Interacción Social
Especial relevancia adquieren las tres cabalgatas, la Ofrenda de Uvas al Niño de las Uvas, la Fuente del Vino, los conciertos, las actividades infantiles y los numerosos concursos organizados por las peñas, que reúnen a un elevado número de participantes y espectadores. Estos encuentros constituyen auténticos espacios de interacción social en los que se fortalecen las relaciones entre vecinos, se integran quienes visitan la ciudad y se proyecta una imagen de hospitalidad y participación que identifica a la Fiesta de la Vendimia de Jumilla
Reencuentro, Cohesión Social y Patrimonio Vivo
Asimismo, la celebración favorece el reencuentro de numerosas familias y de los jumillanos que residen fuera del municipio y regresan coincidiendo con la Fiesta de la Vendimia. Esta circunstancia contribuye a reforzar los lazos afectivos con la localidad y consolida la fiesta como un elemento de cohesión social, identidad compartida y continuidad de un patrimonio cultural vivo que la comunidad reconoce como propio y transmite con orgullo a las generaciones futuras.